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Q'ORIMARKA Padre milenario, madre ancestral: ¿Con qué mágicas manos trabajaste el sílex? ¿Con qué poderosos músculos levantaste las piedras? ¿Qué melodía divina acompañó tu esfuerzo?
Q’orimarka: Padre-abuelo, abuela-madre, fruto de la tierra. Manos tibias de niños viejos y ancianos niños, corazón de oro de hombres íntegros.
No estás muerto. Muertos están los que te ofendieron. Tu corazón aún late en el Iskioc, tu alma vibra en el caolín, tu voz resuena en el Sombreruyoc, tu sudor hierve en Piñipata, tu sangre se desliza impetuosamente en el Llaucano y tus ojos esparcidos en Bellavista, en Arascorge y Chulipampa nos miran emocionados llenos de luz y de pasado.
Pero hoy necesito de tu fuerza, de tu energía sin par, de tu espíritu colosal. Pues, quiero desempolvar las páginas de tu historia. Quiero oír cantar a tus aves milenarias sobrevolando las colinas del futuro desde el Malicate hasta Tacamache desde Samangay a Jadibamba. Quiero percibir tu espíritu en el Picacho soplando los pajonales, contemplándolo todo desde arriba. Y sentir tu presencia en los caminos en los riachuelos del futuro en las piedras labradas de “Corral Orco”. Y oírte cantar en los surcos de la vida canciones de fuego ancestral, acompañando al hombre junto al arado.
¡Q’orimarka! Quiero abrazarme a ti ¡Padre mío! Llenarme de tu energía en el bosque de piedras, saciarme de tu magia en el cerro Sháter. Y cantar con mis hermanos bosques y mis hermanas llanuras, fundirnos en un eterno abrazo a las plantas y animales (flora y fauna ancestrales que tú nos prodigaste).
Entonces, junto a mis hermanos ríos y llanuras, cerros y quebradas, junto a nuestra bendita pacha-mama, hemos de danzar al ritmo del viento, de tu mano hasta la eternidad. (Autor: César G. Mejía Lozano)
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